Había un labrador muy pobre que ni siquiera poseía una vaca. Era el más pobre de la aldea. Un día, trabajando en el campo y lamentándose de su suerte, apareció un enanito que le dijo: - Buen hombre, he oído tus lamentaciones. Voy a hacer que tu fortuna cambie. Toma esta gallina; es tan maravillosa que todos los días pone un huevo de oro.
El enanito desapareció sin más y el labrador llevó la gallina a su corral sin darle más importancia.





