Tradiciones. Al escuchar el ritmo de los tambores, más de uno movía las caderas y decían que se les encendía una llama por dentro, como si formara parte de su ser. Otros decían que corría por sus venas sangre de algún antepasado negro y los tambores le aceleraban el ritmo cardiaco, el ritmo los hacía sentirse felices.
Eso sucedió el sábado en Portobelo, Colón.





