Mientras esperaba ser atendida en una clínica, escuché a una mujer pedirle a su hija que le pintara las uñas cuando regresaran a la casa. Con un tono airado la adolescente le respondió: Ay no mamá, tú si molestas, ve al salón de belleza que yo estoy muy cansada.
Sorprendidos los presentes levantaron la vista para mirar a la joven, que sin reparo alguno seguía refunfuñando sin dejar de chatear.
¿Qué obligaciones podía tener una chica de su edad para negarle un favor a su madre?, pensé.





