Se fue uno de los buenos. Alegre, divertido y bondadoso son las tres palabras que según los familiares de Jerónimo Rivera describían a este joven taxista, que ya no alumbrará sus vidas, pues dos menores de edad acabaron con su existencia la mañana del viernes.
Carlos Aniño, padre de Calito, como era conocido, ahogaba sus penas con cada sorbo de agua, mientras sus lágrimas brotaban de dolor y preocupación, porque él era padre de tres jóvenes; uno de ellos pronto viajaría a disputar un juego de béisbol al extranjero y su padre estaba ahorrando para cumplir su sueño.





