Un buen día, al salir de su trabajo, una perfumería despertó su curiosidad y entró en el establecimiento. Asombrado por todas estas fragancias desconocidas, aspiró profundamente para captar la mejor, pero su cuerpo se puso rígido y perdió el conocimiento en el acto.
Trataron de reanimarle sin éxito. Le hicieron respirar sales, le dieron cachetadas en las mejillas, le rociaron con agua, pero todo fue en vano. Tahar seguía inconsciente.





