Lance Armstrong puso fin a una década de desmentidos, al confesarle la noche del lunes a la presentadora de televisión Oprah Winfrey, que empleó sustancias dopantes para ganar el Tour de Francia.
La confesión fue un sorprendente cambio de rumbo para un atleta y sobreviviente de cáncer que recibió los más altos honores durante su carrera, y que siempre negó las acusaciones de dopaje, incluyendo en los tribunales.
Ahora la cárcel y la ruina se cierne sobre el horizonte del tristemente célebre ciclista, que fue despojado de todos los títulos que "ganó" sobre la bicicleta.





