El otro día leí una columna de mi jefa Elizabeth Muñoz de Lao, en la que hacía énfasis en lo estricta que era su mamá con la limpieza y de lo estirada que dejaba su cama, al punto que la describió como una fanática de la limpieza. Estas líneas me recordaron a mi esposa Nigcenia Valdiviezo, ella es tan estricta en este tema que por eso la llamo la limpiadora compulsiva.
La cama, al igual que la madre de mi jefa, la deja estiradita, y una vez arreglada, nadie se puede siquiera sentar, pues dice que las camas son para dormir.





