Hoy el mundo cristiano se viste de fiesta para celebrar el nacimiento del hijo de Dios. Recuerdo que de niña ansiaba que llegara esta fecha por la ilusión que se vive a esa edad de recibir los regalos. Escribía cartitas pidiéndole al Niño Dios aquellos juguetes que promocionaban en la televisión y las dejaba bajo la almohada esperando encontrarlos la mañana del 25.
Con suerte, de 20 pedidos, me llegaban dos; la clásica muñeca llorona y el juego de té, los que se convertían en mis más preciados tesoros y mi mundo de diversión.





