Dulce de lujo. Bajo la sombra de un árbol de mango, Leonardo De La Cruz, de 66 años, y su inseparable compañera Florecita muelen caña en un viejo trapiche, para extraer el jugo que utilizarán para hacer deliciosas raspaduras.
Hombre y yegua se combinan en Río Hato, para no dejar morir una tradición casi extinta, que solo se ve en algunos pueblos del interior del país.
Cuando apenas tenía seis años, Naldo ,como le dicen de cariño sus amigos en Río Hato, observaba a su padre preparar las raspaduras.





