El martes venía de mi casa en Arraiján para el periódico cuando vi en la orilla de la carretera un tigrillo muerto; quise detener el carro para verificar qué clase de felino era, pero como venía con unas personas que estaban apuradas no lo pude hacer.
Me quedé pensando en ese animal y en la indiferencia de los conductores que no se inquietaban por la suerte que había corrido. Pero esta no es la única especie que he visto perecer en el asfalto, ya que a cada rato veo perezosos, osos hormigueros, zarigüeyas y hasta perros.





