El niño parece excesivamente adormilado o letárgico durante las horas en que habitualmente está despierto.
Es difícil despertarlo en la mañana siguiente de haber recibido el golpe.
Tiene un dolor de cabeza persistente que no desaparece.
Está irritable y llora más de lo común especialmente si es un bebé o un niño que aún no habla, ya que no puede explicar lo que siente, lo cual podría ser un indicativo que tiene un fuerte dolor de cabeza.





