Rivera talló ayer su nombre para la posteridad del béisbol de las Grandes Ligas, al sumar su salvamento número 602 de su carrera con los Bombarderos del Bronx y convertirse en amo, dueño y señor de este departamento.
Rivera, quien había dicho en días anteriores que son meros números, se mostró contento, con una sonrisa de oreja a oreja, que denotaba nada más que tranquilidad por el deber cumplido.





