Un hombre encontró un huevo muy grande. Nunca había visto nada igual y decidió llevarlo a su casa.
-¿Será de un avestruz? -preguntó.
Las especulaciones sobraron. Ante la duda, lo colocaron debajo de la pava que estaba empollando huevos.
Cuenta la historia que a los quince días nació un pavito oscuro, grande, nervioso, que con mucha avidez comió de todo. Luego miró a la madre con vivacidad y le dijo:
-Bueno, ahora vamos a volar.





