Una historia de Etiopía nos presenta a un anciano que, en su lecho de muerte, llamó a sus tres hijos y les dijo: - No puedo dividir en tres lo que poseo. Eso dejaría muy pocos bienes a cada uno de vosotros.
He decidido dar todo lo que tengo, como herencia, al que se muestre más hábil, más inteligente, más astuto, más sagaz. Dicho de otra forma, a mi mejor hijo.
He dejado encima de la mesa una moneda para cada uno de vosotros. &162;Tomadla!
El que compre con esa moneda algo con lo que llenar la casa se quedará con todo. Se fueron.





