La rabia, impotencia y aflicción se apoderaron del defensor panameño Azamahar Ariano, quien llegó a pensar que el destino se había ensañado en su contra, y en sus adentros gritaba a Dios pidiéndole una explicación sobre el porqué de su inoportuna lesión cuando empezaba a ver los frutos de su esfuerzo y dedicación.
Ariano, jugador del Árabe Unido, sufrió una rotura de ligamento cruzado en la rodilla derecha, en enero pasado, en un entrenamiento con la Selección Mayor de Fútbol de Panamá, en el estadio Rommel Fernández, y lloró de indignación.