En agosto de 2013, la iglesia San Francisco de Asís era la guarida de siete "señores piedreros", como respetuosamente le llamaba el exalcalde Juan Carlos Navarro.
Además, crecía un árbol al lado de la puerta de la fachada lateral al altar, en este templo que data de 1673.
A este tétrico escenario se le sumaban las "piscinas internas", producto de huecos en el techo y un piso sin desagües. El sistema eléctrico había colapsado.





