Las secuelas materiales y psicológicas que dejaron las inundaciones ocurridas en los Llanos de Chepo hace cuatro años son grandes.
Hermelinda Miranda, quien vive a orillas del lago Bayano, dice que aún escucha el rugir de la corriente de aquella noche, cuando tuvo que nadar junto con su esposo y su hijo para poder salvar sus vidas.





