Si por un momento las personas cerraran los ojos y solo se dedicaran a escuchar los ruidos de animales emitidos por las bocinas incrustadas en las paredes del Biomuseo o palpar cada una de las esculturas hechas en este lugar, sin duda pensarían que están dentro de una selva panameña, pero muchos millones de años atrás.
Y es que cada uno de los pasillos de este museo mezcla la realidad actual de nuestro país con la historia a través de equipo moderno y un selecto grupo de guías que explica cada uno de los pasillos de este lugar.





