Perder la vista es una grave amenaza para la independencia, autoestima y calidad de vida de una persona; la pérdida de la visión o la ceguera implica una limitación y obliga al reaprendizaje de las tareas cotidianas como hacerse cargo de la casa, cocinar, administrar las medicinas, movilizarse y viajar con seguridad, relacionarse con los demás y con el entorno.
La prevalencia de la pérdida de la vista se incrementa con la edad; a los 75 años, una de cada cuatro personas reporta alguna forma de deterioro de la vista.





