El papa Francisco expresó un profundo dolor por la guerra siria, que comenzó en marzo de 2011, y alertó del riesgo que existe de sucumbir a la globalización de la indiferencia.
El papa recordó, con gran dolor, que la crisis de Siria no se ha resuelto, sino que continúa, y que además existe el riesgo de acostumbrarse a ella, de olvidar a las víctimas, su sufrimiento, a los miles de refugiados, desde ancianos a niños, que padecen y a veces mueren de hambre y de enfermedades causadas por la guerra.





