Tirarse del pelo recurrentemente, lo cual tiene por resultado la pérdida del cabello.
Áreas de la cabeza sin pelo u otras partes del cuerpo.
Ausencia de pestañas o cejas.
Infecciones en el cuero cabelludo.
Masticar o comer el pelo arrancado.
Frotar el pelo arrancado contra tus labios o la cara.
Una sensación de tensión irrefrenable justo antes de arrancarse el cabello por más que se intente controlar el impulso.
Placer, gratificación o alivio al arrancarse el cabello.





