El pescador salvadoreño José Salvador Alvarenga, que dice haber pasado más de un año a la deriva, cumplió ayer una promesa que hizo a su compañero mexicano de infortunio, Ezequiel Córdova Ríos, antes de que muriera en medio del océano.
Y la promesa consistía en contarle a la madre, Rosalía Ríos, los últimos momentos de su hijo y las palabras que le dedicó antes de que pereciera en aguas del Pacífico, en una travesía que comenzó en México y terminó en las Islas Marshall, a 13,000 kilómetros de distancia.





