Millones de personas acompañaron al Nazareno Negro de Quiapo por las calles de Manila, en una procesión que se considera uno de los principales eventos religiosos del año en Filipinas, un país marcado por su profunda devoción cristiana.
El evento religioso, en el que las autoridades preveían entre 10 y 12 millones de asistentes, se inició con una misa oficiada por el arzobispo de Manila, Luis Antonio Tagle, en la explanada del Grandstand Quirino.





