Con el dinero ocurre algo parecido a lo que ocurre con el aire que el hombre necesita para respirar.
Si el oxígeno disminuye, sufre grandes penurias y hasta puede morir. Si lo recibe en demasía también sufre, aparecen mareos, alteraciones de su percepción y, al final, la muerte.
Para sentirte bien, para decir que tu respiración es saludable, debes recibir una determinada cantidad de oxígeno, aquella que te permite satisfacer tus necesidades, pero no menos y tampoco más.





