Un hombre, morbosamente apasionado por el juego, había pasado una vez más, toda la noche en un casino.
Salió del lugar totalmente rendido, estaba a punto de amanecer. Cuando el cielo se tiñó de rojo y el sol empezó a salir, sintió un escozor en sus ojos somnolientos.
Vio un gran árbol en el jardín y decidió sentarse a sus pies para descansar un rato antes de volver a casa.
En un abrir y cerrar de ojos, el jugador cayó en un sueño profundo. Durmió todo el día y toda la noche.





