Cada vez que veo las escenas de las cientos de personas que abarrotan las paradas esperando un bus, no puedo dejar de sentir una mezcla de tristeza y coraje.
Y es que se supone que con el nuevo sistema de transporte todo eso sería cosa del pasado, pero la realidad es otra.
Debo admitir que desde su funcionamiento aún no he abordado un metrobús, pero por muchos años me tocó pasar páramos en los diablos rojos.





