La joven emprendía su labor como si en ello se le fuera la vida. El entusiasmo con el que trabajaba se le desbordaba por los poros. Casi se podía tocar.
No era una ejecutiva en saco y tacones altos. Tampoco una vendedora que se esmeraba para cobrar una buena comisión.
No, su labor era más humilde, pero para ella lo era todo.





