Más que tener dinero para contratar una empleada doméstica, hay que tener muchísima suerte para conseguirla.
El debate surgió en la redacción cuando planeábamos ir en grupo a ver el juego de Panamá con Honduras, cuando un compañero en tono de broma respondió que no podía acompañarnos porque se iba derechito para su casita a lavar, barrer, trapear y fregar.
En medio de las carcajadas y vacilones, una colega aseguró que al casarse no estará en esos menesteres hogareños porque contratará los servicios de una doméstica.





