A las doce mediodía de ayer, Josefa Rodríguez, residente en el populoso barrio de Curundú, trataba de cruzar una inundada avenida Frangipani en compañía de sus niños.
Un tanto enojada expresó que cada vez que llueve deben hacer malabares para evitar caer en las aguas negras, que podrían causarles enfermedades.





