El emperador estaba desesperado por no encontrar un nuevo recaudador.- ¿No hay ninguna persona honesta en este país que pueda recaudar los impuestos sin robar dinero? se lamentó.
Llamó a su consejero más sabio y le explicó el problema. Este le pidió que hiciera el anuncio y aquella misma tarde el palacio estaba lleno de gente. Había hombres con trajes elegantes y un hombre con un traje vulgar y usado, de quien se burlaron aduciendo que el emperador no iba a seleccionar a un pobre como su recaudador.
Por fin entró el sabio consejero.





