Ella se puso una coraza, se llenó de valor y tomó la decisión más importante de su vida: dejó a su esposo, un hombre violento, que no sabía controlar su ira y lo único que se le ocurría para desahogarse era golpear a la mujer que juró amar.
Sí, el primer paso estaba dado, pero apenas empezaba una odisea que duró años y que no tuvo un final feliz.
Después que lo dejó, se fue a vivir con una amiga. Cambió a su hijo de escuela y ella consiguió otro trabajo. Se sentía contenta porque había sido valiente y se lo había demostrado a sí misma.





