Había pasado todo el día con su mamá, en un gran almacén esa bella pelirroja con cara pecosa, clara imagen de la inocencia, no debe haber tenido más de 6 años. Todos nos quedamos frente a la puerta, resguardados de la lluvia.
La voz de esta chiquita era muy dulce y rompió mi trance hipnótico con esta inocente frase: Mamá, ¡corramos a través de la lluvia! Y la mamá le dijo: ¡Pero si lo hacemos, nos empaparemos!





