En cierta ocasión, un hombre vino a nuestra casa y me dijo: "Aquí cerca hay una familia hindú con ocho hijos que llevan mucho tiempo sin probar bocado". Al oírlo, tomé un puñado de arroz y salí de toda prisa para que pudieran comer aquella noche.
En los rostros de aquellos ocho niños vi dibujadas las huellas del hambre, como pocas veces las había visto. A pesar de ello, aquella madre tuvo el coraje de dividir el arroz en dos porciones iguales y salió con una.
Cuando estuvo de vuelta pregunté: ¿A dónde has ido? ¿Qué has hecho?





