Este señor se inició en la labor de vender frituras luego que pasó la invasión y el negocio de la construcción no diera trabajo.
Según Nicolás, no fue fácil obtener en aquellos tiempos los permisos para tener su puestito de frituras en Los Libertadores, pero con la ayuda de Dios ha logrado mantener el negocio por más de 20 años.





