Era un día lluvioso y gris. El mundo pasaba a mi alrededor a gran velocidad. Cuando de pronto, todo se detuvo.
Allí estaba, frente a mí, una niña apenas cubierta con un vestidito todo roto que era más agujeros que tela.
Allí estaba, con sus cabellitos mojados y el agua chorreándole por la cara. Allí estaba, tiritando de frío y de hambre. Allí estaba, en medio de un mundo gris y frío, sola y hambrienta.





