Pese a que Panamá es un país de servicio, no nos caracterizamos, precisamente, por la amabilidad.
Es el pan nuestro de cada día llegar a un almacén y que la mayoría de los vendedores traten al cliente como si le estuvieran haciendo un favor. Contestan entre dientes y las sonrisas no son gratis.
Acostumbrada a este escenario, antier y ayer me llevé una agradable sorpresa en Colón.
Primero, en el hotel Meliá, durante una reunión de trabajo, fui testigo de la actitud de gente que hace la diferencia.





