Cuando me vine del interior a la capital, allá por los finales de los 70, no se podía caminar libremente por la antigua Zona del Canal.
Como no tenía esa práctica de andar por allí, tranquila y confiada, como lo hacía en mi Penonomé, me sentía especialmente tensa cuando pasaba cerca de la Zona. Me parecía que los zonians me iban a meter en un calabozo si traspasaba sus cercas de ciclón.





