Un profesional desempleado despertó una mañana y revisó su bolsillo. Todo lo que le quedaba eran $10. Decidió utilizarlos para comprar comida y esperar la hora de morir, ya que era muy orgulloso para pedir limosna.
En cuanto se sentó a comer, un anciano y dos niños se le acercaron y le pidieron que les diera comida, pues no habían comido en una semana. El hombre los miró y con el último pedazo de compasión que le quedaba les dio su comida.





