El muchacho, un sirio de 26 años con un título en economía, sabía exactamente lo que debía hacer y adónde ir.
Amr Zaidah, con la ayuda de un GPS, le dio indicaciones al piloto de una lancha inflable que lo acercó lo más posible a él y a otras 30 personas a Molivos, en Lesbos, una de varias islas griegas que han pasado a ser la primera escala de decenas de miles emigrantes que tratan de llegar a Europa occidental.





