Tener huertos en casa fue una costumbre de muchas generaciones en la cultura de los portobeleños y negros de la época colonial, ellos no compraban nada de especias o condimentos de la comida.
La costumbre era mandar a los niños al jardín y que cosecharan los frutos de la tierra y una frase que recuerdan que les decían sus abuelas era cuando tomen algo de la tierra, pide permiso a Dios, pues las plantas son seres vivos y sienten.





