El flagelo mortífero del ébola ha hecho que la gente no se dé más la mano cuando se saluda. En los taxis que solían apiñar pasajeros los conductores solo pueden llevar ahora cuatro personas o arriesgarse a recibir multas.
Se venden cubos de plástico para que la gente los llene con cloro y se desinfecte las manos.





