Ayer les escribí una reflexión sobre la profesión del actor y les decía que el arte de actuar es algo más que aprenderse textos y pararse en escenario.
Hace mucho tiempo un actor al que dirigía me dijo que no tenía tiempo para trabajar en su personaje, por aquello de las obligaciones personales de la vida diaria. Que el único momento en que podía dedicarle tiempo a su personaje y a la obra era cuando iba camino a los ensayos y en las dos horas diarias de ensayos que teníamos. Quedé frío. Atónito. ¿Era posible lo que escuchaban mis oídos?





