Los venezolanos no tienen dudas de que el llamado "médico de los pobres", José Gregorio Hernández, es un santo verdaderamente milagroso, una condición que esperan le dé el Vaticano y que ya le otorgan desde los más humildes campesinos hasta el mismo presidente Hugo Chávez, que murió de cáncer el año pasado.
El "venerable", como le llaman sus devotos, aún no ha sido reconocido como santo por el Vaticano, que exige un milagro definitivo y bien documentado para su beatificación.





