La familia Herrera hace esto desde hace 18 años, ya que le prometieron a Dios que si los ayudaba a salir de los problemas que atravesaban convertirían todos los años su casa en un pesebre para dar alegría a muchos niños.
Herrera explica sonriente que se quedó sin espacio. La cocina está convertida en un pesebre navideño, pero se sienten verdaderamente felices, porque saben que los niños y los familiares vienen a contemplar lo que representa el Nacimiento de Jesús, el Salvador del mundo.





