Andar con el pico abierto y pararse, volver a echar su cuerpo en el piso maloliente y lleno de su propio excremento es el panorama torturador que sufren algunas gallinas que son trasladas en camiones con destino al matadero.
Son más de 300 cajas puestas una sobre la otra donde el excremento de animal que esta de primero en la fila va cayendo hasta el último de los animales, peor aún, no llevan alimentos ni agua. Muchas de las aves mueren y su cabeza cuelga por fuera de la caja.





