Al aire libre y con entrada gratis, Rubén Blades hizo enloquecer a su público desde el momento en el que rompió el hielo con Plástico y el estribillo de se ven las caras, pero nunca el corazón.
Los asistentes, muchos de ellos habiendo hecho cola desde más de cuatro horas antes de empezar el recital, se empezaron a despojar de las sillas blancas ordenadas para disfrutar del espectáculo trasladándose a los pasillos donde pudieron bailar con los cálidos ritmos de Blades.





