Mi hija Sara y yo éramos muy buenas amigas. Ella estudiaba en un internado que no estaba muy lejos, lo que nos permitía vernos muy a menudo. Entre visitas, nos escribíamos o hablábamos por teléfono.
Cuando me llamaba, siempre decía: "Hola, mami, soy yo", y yo le respondía: "Hola, Yo ¿cómo estás?". A menudo firmaba sus cartas simplemente: "Yo". A veces yo la llamaba "Yo" para bromear.





