Padre no es el que engendra, sino el que cría. Esa es una verdad tan grande como un templo.
Hace unos días, fui con mi esposo y mi nieto a tomarme un batido de frutas en uno de esos localcitos que están a orilla de calle, pero que tienen alma por ser tan pintorescos.
Al salir del auto con mi nieto en brazos, noté que uno de los clientes del lugar nos miraba con una media sonrisa.
Nos sentamos y de inmediato el señor nos dijo que se notaba cuánto queríamos al niño. Eso solo lo hacen los abuelos, nos dijo.





