Mulla Nasrudin inició un viaje hacia tierras lejanas, motivo por el cual se consiguió una cimitarra y una lanza. En el camino, un bandido cuya única arma era un bastón se le echó encima y lo despojó de sus pertenencias.
Cuando llegó a la ciudad más próxima, el mulla contó su desgracia a sus amigos, quienes le preguntaron cómo había sucedido que él, estando armado con una cimitarra y una lanza, no hubiera podido dominar a un ladrón armado con un modesto bastón.
Él replicó:





