Todavía los hay. Muertos de la risa y con unas que otras peleitas, clásicas de un juego de canicas, estaban algunos niños del sector de La Fula en San Miguelito.
Ellos, todos menores de diez años, disfrutaban tantos del juego, que todas las personas que pasaban por el lugar se detenían a observar qué era lo que los hacía tan felices. Y es que admitieron que este es un juego que les permite compartir con muchos niños y a la vez disfrutar de lo que hacen.





